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El niño con pueblo

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  En mi cole hay un niño que dice que no tiene pueblo. Es de la ciudad de toda la vida. Sus padres nacieron aquí, sus abuelos también nacieron aquí y hasta sus bisabuelos no conocieron otro sitio distinto a esta ciudad.             Cuando me lo ha dicho me ha dado mucha tristeza por él, pues la mayor ilusión mía es poder ir al pueblo cuando llega el calor y las clases se terminan. No me puedo imaginar que no vaya en verano a escuchar a las chicharras cantando su eterna canción en las ramas de los árboles; ni que no vaya con su abuelo montado en el mulo a pastorear a las ovejas; ni siquiera que no sepa cosas como que los huevos los ponen las gallinas y éstas comen el maíz de la cosecha.             Él me dice que todos los veranos se va al apartamento que le tocó a sus padres cuando concursaron en el 1, 2, 3, allí en Torrevieja, provincia de Alicante. Todos los días va a...

Al rico reutilizar sobres de elecciones

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  Iba a escribir este artículo en tiempo de elecciones, pero me he dado cuenta que vivimos en un estado perenne de tiempos de elecciones. Unos plebiscitos continuados, con una persistencia sin final. Y se preguntará el único lector que tiene a bien leerme cuál será el motivo por el cual este texto debería haber sido escrito en época electoral; pues fácil es la solución que a renglón seguido paso a contarle:             Nos abruman durante la campaña electoral con una ingente cantidad de publicidad que a nuestro nombre acude en masa a los buzones de correos. Lo bueno de este aluvión es que se vuelve a dar un uso que no sea ornamental a esas bonitas bocas devoradoras de papel de nuestras casas, olvidadas ya las cartas de amor, las postales de viajes o las felicitaciones con motivos navideños.             Bueno, al lío, con semejante desbordamiento de celulosa publicitaria...

Cuaderno de bitácora del capitán Boyton, viajero en el tiempo.

  Después de miles y miles de aventuras por todos y cada uno de los continentes de este nuestro mundo, logré hacer sociedad con un viejo científico, que más tenía de alquimista que de científico, el cual me vendió una máquina con la capacidad de viajar a través del tiempo. Cuando me la enviaron a casa, el repartidor me miró con ojos de ver a un ser ingenuo y esto levantó en mí una ligera sospecha de haber sido estafado. Por mi mente se pasaron las portadas de los periódicos de todo Baltimore, en las que se me veía en un daguerrotipo con la cara atravesada por el espanto y en el que se podía leer con letras pomposas: «Famoso capitán y aventurero estafado por alquimista loco».             Pero no, no fui estafado. Tiré de la cuerda que arrancaba el motor y pude escuchar como canto divino el sonido perfecto de su mecanismo. Me introduje en la cabina y en el frontal tenía un cuentapasos con una serie de dígitos bajo el lema de l...

Ingenuos

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La pólvora ardiente de las redes sociales

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  La pólvora se ha prendido. Ha bastado un simple conato de chispa, ni siquiera con una temperatura elevada, para encender el reguero explosivo de las redes sociales.             Sucede un hecho: Un hombre corre hacia una furgoneta de color oscuro donde alguien con prisa cierra la puerta corredera de su lateral. El hombre golpea con su mano desnuda los cristales. Tal vez les grite. Se hace daño en los nudillos, de donde se derrama el tímido rojo de la de sangre. Continúa corriendo en pos del vehículo, a pesar de que su persecución a todas luces es absurda, descabellada e inútil.             Alguien a bordo de un coche para a su lado y le pregunta qué es lo que está ocurriendo.             —¡Sigue a ese coche oscuro!— Le dice con un tono que verdea la desesperación.        ...

La buena educación

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              Con nosotros se cruza don Pablo, un hostelero de nuestro pueblo que dejó de serlo acuciado por su ancianidad. Elegante, sobrio, con un saber estar que rezuma a colonia de hombre de los de antes; nos da los buenos días y bajo su mascarilla se vislumbra el color dulce de una sonrisa. Los que conversábamos al calor del sol de primavera, nos hemos mirado, nos hemos preguntado si alguna vez habíamos hablado con él y nos hemos contestado con la negativa. Pero juntos hemos llegado a la conclusión de que nos ha regalado el deshoje de la margarita de la buena educación porque es lo que tenía que hacer, lo que su conciencia le ha dictado.   Ha seguido su camino y se ha metido en un café donde nos figuramos que ha sonreído y ha saludado al pasar antes de sentarse en la mesa de siempre a esperar que le sirvieran el café.  Como debe ser. Don   Pablo lleva una gorra con un ligero ladeo hacia la izquierda, una a...

Sin Filosofía, sin Humanidades, sin asideros morales

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  Platón, Arsitóteles, San Agustín, entre otros muchos y por este orden, ya no estarán en el ordenador en el que se encuentran mis libros de textos. A lo mejor es porque ocupan mucho espacio en la memoria y no dejan que otro tipo de nombres importantes se acuesten por la noche entre el sistema binario de su disco duro. No sé, se me ocurre que son mucho más importantes Zapatero, Aznar, Rajoy o Sánchez, verbigracia, valedores del sistema planetario y perfecto que nos protege como ciudadanos de pleno derecho e izquierdo. En el instituto en el que curso mis estudios obligatorios van a relegar a la Filosofía y, por ende, al resto de HUMANIDADES (así, con mayúscula) al cajón de las cosas que nos deben importar una mierda. Porque, con sinceridad, ¿a quién cojones le importa aprender ese tipo de cosas? A nadie. Porque esas materias nos enseñan a conocer el mundo que nos rodea, la ubicación que tenemos en el mismo y el sitio del cual venimos. Ni más ni menos. Pero, claro, si me desubi...