El miedo o los peces traslúcidos
Mis pies están dentro del mar, a su alrededor nadan peces traslúcidos. Peces que no se pueden arponear de lado a lado con nuestra mirada. Peces imposibles de soñar. Peces. Intento con mis manos juguetear con ellos, pero el miedo, siempre acechante, les hace huir como los rayos zigzagueantes de la tormenta. Los peces traslúcidos del mar tienen miedo a terminar sus días chisporroteando sobre un mullido tálamo de un sofrito de cebolla, pimiento verde y tomate. Miedo a finalizar su corporeidad en el estómago agradecido de un turista de pelo claro y carnes rojas. Pienso en estos peces traslúcidos con miedo a dejar una numerosa prole desatendida o a perder la luz de esa translucidez que me llama tanto la atención. Más que en ellos, pienso en el miedo con los pies en remojo, con los dedos reblandecidos por efecto del agua, del tiempo, del no tener nada más importante que hacer. El miedo es necesario, p...