Pijamas por la calle
La primera vez que lo vi, tuve que frotarme con fuerza los ojos pensando que eran visiones. Volví a mirar. Incrédulo, me froté los ojos para desvanecer la visión, en el caso que esta lo fuera. Por un instante me sentí como don Alonso Quijano antes de recobrar la cordura. Pero no. No era una visión provocada por ese sabio Frestón que, como al Ingenioso Hidalgo, me tiene cierta ojeriza. Para nada. Lo que veía era tan cierto como que dos más dos son… ummm… ¡Cuatro! Te pongo, perdón por el tuteo, querido y único lector, en antecedentes: mes de diciembre, a mediados; ambiente navideño; villancicos por la megafonía del Ayuntamiento de mi localidad; en el Belén de la plaza, todavía no está el niño Jesús; compras de navidad. Los niños en sus carritos menean las panderetas que sus madres les acaban de comprar en el chino. Otros, más mayores, queriendo ser Messi, juegan al balón como lo hacen en cualquier época del año. Los comerci...