Amistades vasectomizadas
En una sociedad como la nuestra, la sociedad de la prisa, a duras penas se tiene tiempo para algo distinto a lo que no sea el cultivo de nuestros intereses. Madrugamos. Hoy no hay tiempo para ir al gimnasio. Hacemos veinte flexiones en el suelo de la cocina. Entretanto, se prepara el café. Dos aguacates y unos huevos revueltos. Rompemos el ayuno intermitente. Salimos pitando hacia la estación de tren. En el asiento del vagón, una cabezadita. Trabajo de ocho horas. Llamadas de teléfono. Correos electrónicos. Relaciones laborales tóxicas. De vuelta a casa en el tren. Cabezadita de rigor. Llevar los niños a las extraescolares. Contestar dos correos que quedaron pendientes del trabajo. Recoger a los niños. Comprar la cena. Hacerla. Baños y duchas. Acostar a los retoños. No me da la vida. Ver la serie de Netflix que está en boca de todos en la oficina. Un capítulo más. Y ya van tres. Acostarse tarde. Un día de locos. Mañana más. ...