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Nuevas palabras, viejos contextos

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El lenguaje es un ser vivo. Un ser que se mueve con la agilidad y la destreza de una culebra  capaz de acomodar su cuerpo a las dificultades que el terreno presenta. El cuerpo del reptil se amolda de la misma manera que el lenguaje se adapta a la última ola del segundero que marca el ritmo de las modas. Nuestra lengua, y la de los sarracenos, y la de los países protestantes, sufre mutaciones asombrosas que en un principio chirrían como bisagras oxidadas y después, sólo en algunos casos, se quedan a vivir en la plácida comodidad de las páginas algodonosas de nuestro diccionario. Por tales motivos nos costaría entendernos, hablando la misma lengua, con un peregrino a Santiago del siglo XII, con el más pequeño de los hermanos Pinzón o con chaval enganchado a la heroína en el extrarradio de Madrid de los años ochenta. Pues nadie usa ya términos medievales, siglodeoroístas o el dabuten tío del descampado ochentero. Y sin embargo, es el mismo idioma. ...

Los apegos que se extraen de las buenas conversaciones

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Soy un hombre (no sé si todavía se puede decir eso) aquejado de un  mal extraño, tal vez una de esas enfermedades raras que carecen de presupuesto gubernativo para ser investigada o, por el contrario, de una insólita virtud con exceso, esta sí, de presupuesto gubernativo para lograr su extinción.  Mi médico de cabecera de la cama, hoy llamada con eufemismo de familia, se lleva las manos al cráneo mondo y niega con gestos mi mal: ¡Cómo puede ser! ¡Cómo puede ser!, dice de continuo, ¡Un hombre al que le encanta conversar! ¡Maldita sea!             Efectivamente, tal y como dice mi médico de cabecera, me gusta crear un ambiente adecuado: muebles antiguos de color oscuro, una butaca  o sillón de orejas cómodo y, entre las manos de los participantes, una copa de balón; poner sobre el tapete verde un buen tema e iniciar sin más preámbulos una buena conversación. Más importante que este hábitat artificial es la necesidad d...

Televisión

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  Decía el añorado Dr. Félix Rodríguez de la Fuente que la televisión era un medio maravilloso para transmitir un mensaje que calara en los telespectadores. Un medio donde la imagen y el sonido alcanzan los ojos del espectador con la capacidad de atraparle, dejarle con el culo pegado con superglu en el sofá y no hacer otra cosa que estar pendiente de su pantalla. Y sí que es, como decía Félix, un medio maravilloso para transmitir un mensaje. El Dr. Rodríguez de la Fuente explotó esa maravilla de medio para dar a conocer al público (¡a toda España!, como dirían ahora los personajillos televisivos) la fauna, sobre todo la ibérica, hasta ese momento desconocida para la gran mayoría de la gente.                                                                                     ...

Sobre héroes y capas

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  A los héroes de verdad. De pequeño, influenciado por los comics y la cultura pop, que aún daba sus últimos coletazos, los héroes solían vestir horrísonamente con capa, antifaz que ocultaba su identidad civil   e incluso con calzoncillos por encima del pantalón, que no era otra cosa que unas mallas de lycra ajustadas que, ¡quién lo iba a decir!, mucho tiempo después se elevarían a la máxima categoría de prenda por excelencia del vestuario (hoy outfit ) femenino, utilizada, además, para cualquier ocasión que se precie.             Los héroes tenían poderes extrasensoriales superdesarrollados y eran capaces de detener la marcha de un tren de carretera con el solo gesto de la mano, dar la vuelta al mundo en décimas de segundo o proyectar cualquier tipo de sustancia pegajosa que inutilice los poderosos brazos de su archienemigo. Todos, o casi, luchaban por la justicia, la verdad y contra un villano con las oscuras intencio...

Esclavitudes VIII: La deuda

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  Tarde de sofá, mantita y series. Palomitas de maíz en el microondas. Botes de cerveza a enfriar en la nevera. Todo dispuesto a gusto del consumidor para que la tarde se alargue hasta pasar la noche de claro en claro frente a la televisión. Todo una gozada.                                                                                                   Imagen de HomeoGrapher             En el maratón de capítulos (¡tres temporadas te has tragado sin levantarte siquiera para mear!), los protagonistas calzan zapatillas de deporte con alas de diosa griega en sus laterales, dialogan en remoto mientras juegan con el último modelo de videoconsola y conducen el vehículo eléctrico más feté...

A la sombra de la memoria

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Hagan memoria.           ¿Se acuerdan de lo que sintieron la última vez que vieron reflejarse al sol en un mar en calma o del cosquilleo que les recorrió la columna vertebral cuando le besó por primera vez la persona amada?           ¿Le ha resultado fácil extraer esos recuerdos de los cajones de su memoria?           La memoria es el pilar fundamental de la experiencia, sin ella esta no tendría el valor suficiente para desarrollarse. Los hechos que nos suceden se van amontonando, con mayor o menor orden, en nuestro cerebro y de este acervo, bien colocado y con una organización determinada, se forja una vivencia con la capacidad de indicarnos la mejor o las mejores probabilidades de poder dar con la solución o la evitación a un problema planteado. Todo ello no sólo es beneficioso sino que también es necesario para el normal desarrollo de nuestra ex...

Bellos amaneceres

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  Si tienes el valor y la fuerza para aguantarlos, los amaneceres en invierno, con el motor de combustión de nuestro organismo frío, son uno de los grandes espectáculos que la vida de manera altruista nos ofrece. Con los brillos de diamantes de la pelona sobre las aceras, la carama decorando las ramas finas donde la primavera decorará con los brotes verdes a los árboles, ahora desvestidos, y el velo de tul de alguna pequeña nubecilla despistada la luz del amanecer adquiere unas dotes de belleza que a algunos nos sirven para caminar agradecidos el resto del día.   Amaneceres que tiñen de rojo vívido las pupilas de quienes hacemos un alto en el camino, levantamos la mirada de nuestro dispositivo móvil y absortos observamos con los cinco sentidos la maravilla celestial sobre nuestras cabezas. Pero para ello hay que desasirse del embozo de la cama muy pronto, cerrar con brío el nudo marinero de nuestra bufanda y abrir de par en par los ojos hambrientos de belleza de nuestro coraz...