La necesaria épica hispana
Somos los españoles de un país donde las novelas de caballerías han sido el motor de más cosas de las que hoy, habitantes del siglo XXI, creéis. Gracias a las novelas de caballerías se fraguó en la Mancha la novela de las novelas. Pero con ellas no solo se fraguó la novela de las novelas, (Don Quijote de la Mancha para los despistados) como digo, sino que se reflejó la verdadera y peculiar forma de ser y de estar en el mundo del ser hispano. No contentos con eso, y a pesar de que el Manco de Lepanto hizo lo posible por ridiculizarlas, sirvieron de acicate para esos locos exploradores, descubridores y conquistadores que se embarcaron rumbo a lo desconocido. Pues se ha de saber que estos valientes, hoy defenestrados, barbudos se guiaron por los valores que las novelas de caballerías destilaban entre sus páginas.
Valor.
Honor. Amor. Fe. Y, sobre todo y ante todo, sentido de transcendencia. Todo eso
formaba un corpus impoluto y necesario para acometer aventuras en las cuales no
se tenía claro si el retorno iba a ser posible. Se buscaba la gloria (Don
Quijote) y tener la andorga llena (Sancho Panza) para disfrutar del honor
conseguido. La honra, el no defraudar tu linaje, una estirpe que aunque pobre,
honrada, se constituían en guía para no sucumbir ante el desánimo, ante la
adversidad y el descrédito. Una guía que muchas veces se publicaba entre las
líneas de esas novelas de caballerías que se leían con tesón, y muchas veces en alto para todo aquel que no tuvo la suerte de saber leer. Así se
difundían y así se extendía el sentido de la vida merecida de ser vivida.
De
esto tan pequeño como las palabras de un libro surgió algo tan fuerte y tan
enorme como esa Hispanidad de la que no podemos, ni debemos, escabullirnos. La
gesta más grande del mundo se basó, entre otras muchas cosas, en el maravilloso
engranaje de la literatura y la virtud. Pues tan necesarias se hacen en la vida
del ser humano como el agua para calmar la sed y el aire para llenar nuestros
pulmones ávidos de la aventura de vivir. Una literatura que doblaba la apuesta:
uno, para salir en busca de la gloria a lugares desconocidos y por descubrir;
dos, la manera de narrar al fuego del hogar tales aventuras ante la admiración de
propios y extraños.
El carácter hispano siempre se ha forjado desde lo pequeño a lo más grande. Desde la escaramuza de Covadonga hasta el descubrimiento del Nuevo Mundo, pasando por los setecientos años de cruzada y reconquista del reino perdido, (como diría y de hecho dice Gonzalo Rodríguez). Eso minúsculo en muchos casos fue ese sueño surgido de entre las páginas de un libro de caballerías, que hizo al aventurero lanzarse a los caminos y descubrir, qué sé yo, el Amazonas, el Océano Pacífico o las Filipinas.
En estos tiempos tambaleantes como un albañil
beodo, se hace más necesaria que nunca esa literatura, ese cine, esa serie,
ficciones todas al fin y al cabo, que nos hagan volver a empezar esa gesta común
que va de lo pequeño a lo grande. Una ficción capaz de devolvernos esa esencia
infinita del ser español, del ser hispano. Porque la ficción cala, humedece los tuétanos.
Completamente de acuerdo. Me ha encantado el artículo.
ResponderEliminarMuchísimas gracias.
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